Hoy celebramos a San Juan Crisóstomo, patrono de los que predican a Dios

Martes 13-09-22  Cada 13 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de San Juan Crisóstomo (347-407), patriarca de Constantinopla, padre y doctor de la Iglesia.

Boca de oro

El apelativo “Crisóstomo” empezó a usarse alrededor de un siglo después de su muerte como un reconocimiento a su elocuencia, a la belleza y profundidad de su predicación, y a la potencia retórica de sus escritos.

“Crisóstomo” puede traducirse como “boca de oro” (es una yuxtaposición de dos términos griegos: chrysós, ‘oro’, y stoma, ‘boca’). Juan de Antioquía -como también se conoce a este santo- fue obispo de Constantinopla y es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente. Al mismo tiempo es reconocido como uno de los más grandes oradores de todos los tiempos.

Pastor recto y solidario

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía en el año 347, y se bautizó a los 23 años.

Como obispo se consagró a enseñar la recta doctrina, con el celo y cuidado debidos, al tiempo que criticó las formas judaizantes del cristianismo y los lujos e indiferencia de los emperadores frente a los pobres. Se deshizo de bienes superfluos de la Iglesia y con las riquezas obtenidas atendió las necesidades de muchos postergados.

Le exigió a sacerdotes y monjes vestir con sencillez, así como comer con moderación; pidió recato a las mujeres y, a todos, piedad dentro de los templos. Asimismo, se preocupó por la formación catequética de los fieles.

Protector de los pobres, las mujeres y las familias

Recordaba el Papa Emérito Benedicto XVI, en audiencia general del 26 de septiembre de 2007: “Por su solicitud en favor de los pobres, San Juan fue llamado también ‘el limosnero’. Como administrador atento logró crear instituciones caritativas muy apreciadas. Su espíritu emprendedor en los diferentes campos hizo que algunos lo vieran como un peligroso rival. Sin embargo, como verdadero pastor, trataba a todos de manera cordial y paterna. En particular, siempre tenía gestos de ternura con respecto a la mujer y dedicaba una atención especial al matrimonio y a la familia. Invitaba a los fieles a participar en la vida litúrgica, que hizo espléndida y atractiva con creatividad genial”.

La firmeza de su actitud y su celo pastoral le causaron roces e incomprensiones. Es verdad que se hizo de enemigos poderosos, pero fundamentalmente del cariño y el respeto del pueblo cristiano. Vivió sus últimos días en el destierro y murió el 14 de septiembre de 407. Quienes lo acompañaron en su agonía testificaron sus últimas palabras: “Sea dada gloria a Dios por todo”.

 

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