Hoy celebramos a San Bernardo de Claraval, el “cazador de almas y vocaciones”

Sábado 20-08-22   San Bernardo de Claraval fue un monje cisterciense francés. Llegó a ser el abad del monasterio de Claraval, célebre abadía cisterciense por haber dado abundantes frutos de santidad. Bernardo fue un hombre inteligente, dotado de una singular agudeza y una gran capacidad de persuasión

San Bernardo de Claraval fue un monje cisterciense francés. Llegó a ser el abad del monasterio de Claraval, célebre abadía cisterciense por haber dado abundantes frutos de santidad. Bernardo fue un hombre inteligente, dotado de una singular agudeza y una gran capacidad de persuasión; pero, por sobre todo, fue alguien que supo poner sus dones y habilidades al servicio del Evangelio. Libró numerosas batallas intelectuales y convirtió a muchos para Cristo, incluyendo a su propia familia. Fue consejero de reyes y papas, escribió varios libros y una de las oraciones a la Virgen más hermosas que existen. Se le conoce como “el cazador de almas y vocaciones” y “el oráculo de la cristiandad”.

San Bernardo de Claraval nació en el castillo de Fontaine-les-Dijon, ubicado en la región de Borgoña (Francia), en el año 1090. Su familia pertenecía a la nobleza francesa. Su padre, Tescelino, fue uno de los caballeros del duque de Borgoña; y su madre, Alice, era hija de un poderoso señor feudal llamado Bernardo de Montbard. Bernardo fue el tercero de siete hermanos.

Desde niño tuvo una relación muy estrecha con su madre. Ella decía que, estando embarazada, había tenido una visión sobre la vida de su hijo como un santo. Bernardo era un niño sensible y habitualmente reservado. Recibió una esmerada educación, al igual que sus hermanos.

Cuando murió su madre, Bernardo volvió sus ojos hacia la Virgen María, la fuente de sus consuelos y por quien profesó una fuerte devoción durante toda su vida. Bernardo fue el autor del “Acordaos”, una de sus oraciones marianas más hermosas. Durante su juventud forjó un temperamento vigoroso, pero también se dejó ganar por las cosas del mundo, entre las amistades vacías y la vanagloria. En el fondo, Bernardo se sentía vacío y hastiado.

La noche de Navidad del año 1111, Bernardo se quedó dormido. En su sueño apareció la Virgen llevando al Niño Jesús en brazos y se lo ofreció para que lo amara e hiciera que otros lo amen también. Desde aquella noche decidió consagrarse a Dios y alcanzar la santidad.

En 1112 ingresó al monasterio cisterciense de Citeaux, fundado por tres grandes santos: San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding. En aquel momento, el monasterio se había convertido en centro de un movimiento de renovación a través de una vuelta a los orígenes: allí se practicaba con rigor la regla de San Benito. San Esteban Harding, que era el prior, aceptó a Bernardo y a todos quienes lo acompañaron con inusitada alegría: no recibían vocaciones en 15 años.

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