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Hoy la Iglesia celebra a Santa Zita, patrona de las empleadas del hogar

Miercoles 27-04-22  Cada 27 de abril la Iglesia Católica celebra la fiesta de Santa Zita de Lucca, trabajadora doméstica y religiosa, patrona de las empleadas del hogar y de todos los sirvientes. 

Ella fue una mujer de condición muy humilde, por lo que desde pequeña tuvo que trabajar. Se hizo sirvienta de una de las familias más ricas de su localidad, de manera que podía hacerse de algún dinero y contribuir al sostenimiento de los suyos. Su duro trabajo le acarreó dificultades y penurias que afrontó desde su fe. Aun siendo blanco de burlas y maltratos, su amor a Dios y a su familia fueron siempre más grandes, le ayudaron a mantenerse firme y crecer en la confianza permanente en la providencia de Dios.

Santa Zita nació cerca de Lucca (Italia) en 1218. A los doce años, como muchas niñas del pueblo, empezó a trabajar. Al final, fueron 48 largos años los que estuvo como sirvienta.

Zita sabía muy bien qué eran las privaciones y las dificultades, y aún con ellas, siempre se preocupaba por los que consideraba más desfavorecidos. Cierto día salió de la casa de sus patrones para atender a una persona enferma, dejando trabajo pendiente en la cocina. Eso irritó a algunos de sus compañeros, quienes la acusaron ante la señora de la casa. Cuando aquella mujer fue a la cocina a investigar, encontró que todo estaba impecablemente limpio y aseado. El portento fue atribuido a los ángeles, quienes lo habrían llevado a cabo para proteger a Zita. La dueña de la casa, sorprendida por lo sucedido, le concedió, desde aquel momento, la libertad de servir a los pobres. Sin embargo, los ataques y burlas de los otros sirvientes se reiniciaron poco después.

La despensa vacía

Llegó un tiempo de hambruna a Lucca y golpeó duramente a la ciudad. Santa Zita tuvo que redoblar sus esfuerzos por quienes padecían hambre. Ella habitualmente compartía la comida que su señora le regalaba, pero esta vez tuvo que repartir hasta su propia ración y las reservas de grano que poseía la familia. Cuando los patrones fueron informados de lo que había hecho Zita fueron a registrar el granero y se dieron con la sorpresa de que la despensa estaba llena.

El hombre muerto de frío

En vísperas de Navidad, Zita se encontró con un hombre que temblaba de frío al lado de la puerta de la Iglesia de San Frediano. Entonces, la santa le dio un manto costoso que pertenecía a su señora para abrigar al buen hombre y le pidió que lo devolviera al terminar la Misa, pero el hombre desapareció. Al siguiente día, su patrón se enteró y montó en cólera contra Zita, pero un anciano desconocido en el pueblo se apareció y devolvió el manto. Los habitantes del pueblo, entonces, empezaron a decir que aquel necesitado había sido en realidad un ángel. Desde aquel día la puerta que tocó aquel menesteroso recibió el nombre de “el portal del ángel”.

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