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Hoy celebramos a San Juan de Dios, patrono de los hospitales y centros de salud

Martes 08-03-22  Hoy, 8 de marzo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan de Dios, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, la que posteriormente se denominaría “Orden Hospitalaria de San Juan de Dios”

Hoy, 8 de marzo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan de Dios, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, la que posteriormente se denominaría “Orden Hospitalaria de San Juan de Dios” en su honor. San Juan es un símbolo de la caridad de la Iglesia con aquellos que sufren en el cuerpo, pero también en el espíritu.

El llamado a servir a los que sufren

San Juan de Dios, O. H. nació en Montemor-o-Novo (“Montemayor”), Portugal, el 8 de marzo de 1495 y, coincidentemente, fue llamado a la Casa del Padre también un 8 de marzo, pero de 1550 en Granada, España. Su nombre de pila fue João Cidade Duarte, aunque el mundo lo ha conocido como «Juan de los enfermos».

Después de haber participado en la milicia, empezó a trabajar como enfermero por vocación y convicción, descubriendo que el amor a los que sufren enfermedad era lo que le movía el corazón. Juan encontraba en cada enfermo a Cristo sufriente, vulnerable, esperando ser atendido y consolado.

El hospital

El santo fundó un hospital en Granada (España) y, posteriormente, junto con su grupo de compañeros, constituyó la que sería la Orden Hospitalaria, dedicada a la pastoral de la salud. Los miembros de la Orden estaban dedicados por entero a atender a los pobres y necesitados.

En aquel hospital el hermano Juan trabajó casi sin descanso durante diez años. Fueron años duros, con muchas tribulaciones y dolores, que se hicieron más llevaderos y hasta hermosos gracias a la oración. Sin Cristo, nada hubiese sido posible: “Son tantos los pobres que aquí llegan, que yo mismo, muchas veces estoy espantado cómo se pueden sustentar, mas Jesucristo lo provee todo y les da de comer”, escribió alguna vez San Juan.

El Cristo quien cura

Juan, cada que podía, se ponía en presencia de Dios o renunciaba a alguna cosa que le agradaba para mantener contento al Señor y mantener la sonrisa para sus enfermos. Ellos, abandonados y dolidos, pensaban muchas veces que Dios los había abandonado, hasta que la sonrisa serena de Juan, y sus cuidados, les aliviaba el alma. Amar al que sufre era suficiente razón para desvelos y sacrificios. Aún cuando su propia salud lo traicionaba -solía resfriarse constantemente-, no buscó ni su seguridad ni su comodidad, sino el bienestar del que tenía enfrente.

En una ocasión, se produjo un incendio en el hospital y el santo, poniendo en riesgo su vida, se encargó de rescatar a los pacientes. Se considera como milagrosa la manera como San Juan atravesó el lugar en llamas una y otra vez sin sufrir quemadura alguna. Aquel día ni uno solo de los pacientes sufrió daño alguno.

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