Hoy se celebra a San Martín de Tours, patrono de la Guardia Suiza Pontificia

Jueves 11-11-21  Cada 11 de noviembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Martín de Tours, un exsoldado romano convertido al cristianismo que llegó a ser obispo, y que quedó inmortalizado en la memoria de los fieles por un gesto de caridad

Martín nació en Panonia (actual Hungría) alrededor del año 316. Fue hijo de padres paganos. Su padre fue militar y él, siguiendo la tradición, ingresó a los 15 años a la guardia imperial romana. Mientras integraba el ejército, se convirtió al cristianismo y fue admitido como catecúmeno.

A capa y espada

Hacia el año 337, encontrándose Martín en Amiens, al norte de Francia, integrando las huestes romanas, vio a un mendigo recostado junto a la puerta de la ciudad, tiritando de frío. Martín, al verlo en esas condiciones, espada en mano, dividió su capa en dos: una mitad la conservó por respeto a quien se la otorgó -el Imperio al que servía-, mientras que la otra la usó para cubrir el cuerpo helado del mendigo, dándole cobijo y abrigo. El gesto dejó atónitos a los presentes, ya que los oficiales romanos jamás mostraban compasión o piedad con los débiles. Días después de lo sucedido, Martín tendría un sueño en el que aparecía Cristo diciéndole a los ángeles: “Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido”. Aquel gesto de amor al prójimo, de desprendimiento y justicia, ha quedado perennizado incluso en el arte, como puede constatarse fácilmente si se revisa la iconografía del santo. Basta recordar la impresionante pintura que hizo el Greco representando aquel episodio.

Una vez que Martin renunció a la milicia, se unió a los discípulos de San Hilario de Poitiers y adoptó un modo de vida ascético y de oración constante. Lamentablemente, Hilario tuvo que exiliarse y abandonar Poitiers, por lo que Martin decidió ir a Milán. Allí se reencontró con su madre a quien logró convertir al cristianismo, aunque no tendría el mismo éxito con su padre.

Cuando Hilario pudo regresar a Poitiers, Martin decide ir a su encuentro. De vuelta a la ciudad francesa, se dedicó a la construcción de un monasterio en Ligugé -el primero en construirse en Europa-, en el que vivió como monje durante una década, siempre bajo la dirección espiritual de Hilario, su preceptor espiritual. Este lo prepararía para el diaconado y el sacerdocio. Tras el orden sacerdotal, Martin sería elegido Obispo de Tours.

Como Obispo, Martin se dedicó a la evangelización y a combatir la influencia pagana dentro de la Iglesia, en especial la producida por el gnosticismo. Por otro lado, tuvo que enfrentar al obispo Prisciliano, quien había adoptado la doctrina maniquea. Martin estuvo permanentemente en disputa con este en el campo doctrinal, pero aun así, mostró su rechazo en público cuando Prisciliano fue encarcelado y condenado a muerte, por presiones políticas provenientes de Idacio, obispo de Mérida. Martín intercedió por Prisciliano ante el Emperador, pero este le haría finalmente caso solo a Idacio. Martín, golpeado por estos sucesos, rompería todo vínculo con él, hasta que se reconciliaron en el epílogo de sus vidas.

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