Día Mundial contra la Trata de Personas: “El Estado es el primer proxeneta, el dueño de la fábrica de putas” Sonia Sanchez

Viernes  30-07-21   La militante feminista Sonia Sánchez habló con Infobae. Su llegada a Buenos Aires con 16 años, el momento en que una organización la obligó a prostituirse, las violaciones que sufrió, el día que dijo “¡basta!” y la búsqueda del amor  

A mí me prostituyó el hambre, la falta de trabajo, de un techo, la falta de educación y de vivienda. Siempre digo que el Estado es el primer proxeneta, el dueño de la fábrica de putas. Son los gobernantes de turno los que violan nuestros derechos, nos empobrecen con políticas públicas vacías de inclusión y queda únicamente sometimiento. Los demás entonces hacen uso y abuso de nosotras, las pobres. Es que cuando hay hambre no hay libertad”.

Sonia Sánchez cuenta su historia con voz potente, sin eufemismos ni titubeos. Va de atrás hacia delante, describiendo el entramado de variables que a los 16 años la expulsaron de su Chaco natal hasta la ciudad de Buenos Aires. Quería progresar. Dejar de comer salteado. Trabajar de corrido y no solo en épocas de cosecha de algodón.

“Antes de viajar a Buenos Aires me enteré de una convocatoria en Resistencia para ser policía. No teníamos dinero para pagar el pasaje, por eso mi papá me llevó a hacer dedo en la ruta. Cuando llegué había tres cuadras de cola. Después de presentar DNI y partida de nacimiento, nos tomaron una prueba de matemática, historia y lenguaje. Aprobé y me pasaron a otro cuarto para medirme. Recuerdo que pidieron que me sacara los tacones. Medía 1.57 y el mínimo para ser policía era de 1.60 metros. No pude entrar. Así que volví a la ruta, a dedo hasta Villa Ángela otra vez y a los tres meses me subí a un micro a Buenos Aires donde terminé siendo prostituida. Fui puta porque me faltaron tres centímetros”

Con sus 16 años de pueblo, Sonia caminó sin rumbo por avenida Rivadavia a contramano hasta que la noche la encontró en Plaza Miserere, donde quedó sobreviviendo durante meses. De día dormía en el tren Sarmiento y cuando oscurecía se disimulaba en los recovecos del mausoleo de la plaza, aún sin rejas.

Luego de meses de hacer base en Plaza Miserere se presentó a una oferta laboral como camarera. El aviso decía “Río Gallegos. Buen pago”. El señor que la entrevistó en un departamento sin muebles quiso saber si podía pagarse el viaje al sur. Sonia fue sincera: no tenía dinero para comprar un boleto de avión ni experiencia como moza, pero necesitaba el trabajo y se proponía aprender. Fue suficiente. De palabra arreglaron descontar el costo del pasaje con el sueldo.

Sonia quedó capturada un lunes en el prostíbulo de Río Gallegos. El viernes el lugar cerró al público. Había que cumplir con el “rito de bautismo”. Sonia era “carne nueva” para los “amigos de la casa”.

“Fue una violación masiva y a la vista. 25 varones de distintas edades. Todos pasaron por mí, más de una vez. Se arengaban. Le decían el `bautismo´, y a todas les habían hecho lo mismo. Quedé internada. En el hospital sabían de dónde me habían traído lastimada, sin embargo ninguna enfermera o enfermero, ningún doctor ni las personas que limpiaban me ayudaron. Porque era una puta y a nadie le importa una puta. A las dos semanas volvieron a buscarme y me llevaron de vuelta al prostíbulo”.

 

Fte: Infobae

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